DECIU RITIOVI, Andreea (ed.), Interpretation and Its Objects. Studies in the Philosophy of Michael Krausz, Amsterdam-New York, Rodopi, 2003, 392 pp., ISBN 90-420-1167-X.

 

Se trata de 21 ensayos que, a modo de homenaje, discuten las propuestas de Michael Krausz sobre teoría de la interpretación, centrándose fundamentalmente en dos obras fundamentales de Krausz: Rightness and Reasons y Limits of Rightness. En la introducción del editor se nos cuenta el periplo vital de Krausz y el tratamiento del problema de la interpretación tanto en la filosofía continental como analítica. La teoría de Krausz sobre la interpretación se centra en tres elementos: ideales, objetivos y objetos. Los ideales son las actitudes críticas que identifican el espectro de interpretaciones admisibles de un objeto dado antes de comenzar a interpretar: antes de interpretar ya sé si voy a aceptar una (soy singularista) o varias, aunque no iguales (multiplicista). Igualmente, Krausz defiende el principio de separabilidad, es decir, la tesis de que los ideales interpretativos no se vinculan con ninguna ontología en concreto: ni el singularismo se vincula con el realismo ni el constructivismo con el multiplicismo. Respecto a los objetivos de la interpretación, Krausz sostiene que el principal es la elucidación (aunque también la edificación, como objetivo derivado), teniendo presente que el proceso de interpretación siempre difiere de su objeto. Esas son las ideas básicas, grosso modo, de Krausz, tal como él mismo las expone en el primer artículo del libro.

La primera parte contiene ensayos que problematizan la posibilidad de proponer una teoría general o específica de la interpretación, apoyando o cuestionando la teoría de Krausz en cuestiones tales como la dificultad de fijar el objeto de interpretación y la relación de Krausz con la contribución de Wittgenstein a nuestra comprensión de la lógica de la interpretación (Hagberg), la imposibilidad de una noción general de interpretación que abarque la literatura y la música (Mukherji), la aplicación de las teorías de Krausz a las comisiones de la verdad en las sociedades post-conflicto (Crocker), los límites de la corrección (Isasaki, aunque su artículo termina con la falsa afirmación, en la p. 78 de que una vez que una interpretación, en ciencia, se convierte en ley “deja de ser una interpretación”, con lo que el singularismo no es más que un principio regulativo, que no puede darse existencialmente), los proyectos interpretativos y los ideales de vida (Moore). En la segunda parte se estudian los compromisos ontológicos que asume Krausz y se analizan en detalle las diferencias entre singularismo y multiplicismo (Harrison y Hanna), las condiciones de la interpretación (Thom), las consideraciones ontológicas que maneja Krausz (Margolis, en un ensayo de tono extraordinariamente crítico), se defiende cierta forma de realismo, por muy ingenuo que parezca (McKenna), el realismo constructivo como medio para fijar los límites de lo correcto (Pradhan), el multiplicismo pragmático como un aspecto central del funcionamiento cerebral y una característica inevitable de toda búsqueda humana (Grobstein). La parte tercera se centra en interpretaciones interculturales, comenzando por plantear las diferencias entre Krausz y Hirsch (Rao), el impacto del cambio sociocultural en la identidad retórica de los actores que lo experimentan (Deciu Ritiovi), el realismo intersubjetivo reflexivo que resulta en una singularismo moral praxiológico como argumento para la validez de universales morales contra el relativismo cultural sustancialista (Stojanov), el relativismo y los límites de la conciencia humana (Chattopadyaya). Y finalmente, en la parte cuarta se aplica la teoría de Krausz a objetos particulares de interpretación: la ley (Weston), el arte visual (Maxwell, quien defiende la discutible tesis singularista de que la obra de arte misma es la interpretación correcta de sí misma, al mismo tiempo que aboga por una tesis intencionalista), la música (Cox, que defiende una tesis claramente constructivista, partiendo de ejemplos musicales; y Pandir, quien examina la relación entre la música y su ejecución) y los textos religiosos (Chaturvedi, quien se manifiesta contra el multiplicismo). El libro termina con una réplica de Krausz a todas las colaboraciones ahí incluidas, una por una. Es evidente que no todas las contribuciones tienen el mismo peso. Algunas probablemente están aquí por compromiso del editor, y no añaden absolutamente nada. Otras, por el contrario, son imprescindibles.

 

Sixto J. Castro