BÖHME, Gernot, Aisthetik. Vorlesungen ubre Ästhetik als allgemeine Wahrnehmungslehre, München, Wilhelm Fink, 2001, 199 pp., 21,5 x 13,5 cm., ISBN  3-7705-3600-2.

 

La estética filosófica, nos advierte Böhme, ha experimentado un cambio radical en la segunda mitad del siglo XX, que ha dado como resultado el redescubrimiento del cuerpo humano y la rehabilitación de la sensibilidad, el incremento de las posibilidades artísticas en la vanguardia y el despertar del movimiento fenomenológico, no sólo siguiendo a Husserl y Schmitz, sino también a pensadores como Ludwig Klages y Heinrich Barth. Con todo ello se da un retorno a la idea griega de aísthesis, al igual que sucedió con Baumgarten. Ha renacido pues, lo griego y la matriz dieciochesca de la estética como “aisthética”: la estética como una teoría general de la percepción, cuyo objetivo es la perfección del conocimiento sensible como tal.

Los campos de la estética son, para Bohme, la naturaleza, el diseño y el arte. Junto a esto, Böhme analiza la estetización de lo real, teorizada por gentes como Baudrillard, Schulze, con la que tiene relación lo que Böhme llama la “economía estética”, que da origen a un trabajo estético que se centra en la apariencia de las cosas (diseño, cosmética, publicidad...), que va más allá de lo estrictamente artístico, pero que configura un espacio en el que tiene lugar la recepción del arte. Junto a esto, Böhme analiza la naturaleza, la naturaleza como medio ambiente, el reto ecológico de la estética. Así ubicado, empieza su discusión por la cuestión de la percepción, que no tiene que ver los cinco sentidos tradicionales, sino, fenomenológicamente, con la carne como órgano de la sensación. Concretamente, Böhme afirma que “el experimentar atmosférico de la presencia es el fenómeno básico de la percepción”. Lo que se experimenta, en primer lugar es algo atmosférico. ¿Qué son las atmósferas? Son el primer objeto de la percepción, diferente del yo, que Böhme ya ha desarrollado en obras anteriores. Pueden ser ingresión o discrepancia. No son estados del sujeto ni propiedades del objeto. Son algo que acontece entre sujeto y objeto. No son algo relacional, sino la relación misma, lo cual se opone a la metafísica aristotélica de la sustancia. La atmósfera es la propuesta de un estado común de sujeto y objeto. La construcción de atmósferas es un elemento importante y la intención definitoria del trabajo estético, de manera que las categorías centrales de la estética clásica, lo bello y lo sublime, pueden ser entendidas en términos de atmósferas y de lo atmosférico. Para comprender esto, Böhme analiza el polo del yo, del sujeto, la presencia como condición de la percepción, especialmente el estado de ánimo (Befindlichkeit), lo que le lleva a emprender un análisis fenomenológico del encontrarse y del encontrarse-en-un-lugar. Asimismo, ha de analizar las sinestesias, caracteres de los objetos primarios de la percepción, es decir, de las atmósferas, de donde deriva la tesis de la sustituibilidad de las cualidades de los sentidos en la producción de caracteres atmosféricos: el frío (azul) de una habitación no hace referencia a uno de los sentidos, sino que es un carácter sinestésico o mejor, carácter de una atmósfera determinada. Lo mismo hace Böhme con la fisiognómica como ejemplo de atmósfera y, por lo mismo, como parte de la estética. Desde aquí analiza también la escena, en la que intervienen todas las formas de caracteres atmosféricos: caracteres sinestésicos, estados de ánimo, caracteres sociales, fisiognómicas, etc. Del mismo modo, Böhme afirma que, para los intereses estéticos, los atributos de las cosas no deben concebirse como propiedades, sino como éxtasis, es decir, en cuanto percibidos. Todo ello le lleva a analizar la relación de la estética con la semiótica y la hermenéutica (signos y símbolos). La obra termina analizando las dos fuentes de la estética, a saber la poética aristotélica y la teoría dieciochesca del gusto.

 

Sixto J. Castro