CHEETHAM, Mark A., Kant, Art, and Art History. Moments of Discipline, Cambridge & New York, Cambridge University Press, 2001, 222 pp., 23,3 x 15,8 cm., ISBN 0-521-80018-8, £50.00 (US$75.00).

 

El objetivo de esta obra es, como nos advierte el autor en la introducción, analizar la recepción de Kant en la historia del arte y en la práctica de las artes visuales desde finales del siglo XVIII hasta el presente. Clement Greenberg, en el ámbito de la crítica, Wölfflin y Panofsky, en el ámbito de la historia académica del arte, aparecen en la lista de Cheetham. Pero Kant también ha tenido influjo en el ámbito de la historia fáctica del arte y en las artes visuales desde su época hasta hoy. La defensa del arte en el terreno ideológico pasa hoy, como nunca había pasado, ineludiblemente por Kant, constata el autor. Cheetham desarrolla sus tesis examinando la recepción espaciotemporal de Kant en Roma durante las invasiones napoleónicas, en el París de los cubistas y la Nueva York de Greenberg, quien utiliza el argumento kantiano de la autonomía de lo estético para discriminar el arte verdadero del kitsch. Estudia asimismo el concepto kantiano de lo sublime en el pensamiento francés contemporáneo, para finalizar con un capítulo dedicado a los retratos de Kant como ejemplos de su autoridad en el arte y la historia de la misma. No se limita al análisis de la Crítica del Juicio, sino que acude a otros textos kantianos de gran importancia también en este proceso receptivo. Filosofía, arte e historia del arte no están tan separadas como Kant y otros desearían. Pero como Adorno afirma, Kant, al igual que Hegel, escribió de estética sin entender nada de arte. ¿Cómo puede, pues, juzgarla?

Cheetham aplica a la relación entre Kant, la historia del arte y las relaciones visuales, el calificativo de plasmática, concepto que hace referencia a que esas relaciones tienen lugar en un espacio de intensidades culturales multidimensionales. Tras la introducción, se estudia la influencia de Kant en la Roma de 1800, en la colonia de artistas germanoparlantes, especialmente en Fernow y Carstens. El siguiente capítulo resalta la relación entre Kant y la historia del arte en el siglo XX: la teoría del arte de Panofsky, la invocación de Kant por algunos teóricos del cubismo , como Kahnweiler y otros (la posición crítica al respecto de Crowther) y el formalismo de Greenberg.

El siguiente capítulo aborda la cuestión de lo sublime en los teóricos contemporáneos y cómo esta categoría puede ejemplificarse en las artes plásticas. Comienza analizando la influencia de lo sublime kantiano en Derrida y continúa presentando los nexos entre la teoría y la materialización de lo sublime, en torno a 1800, en la obra de J. A. Koch y en los escritos de Lyotard sobre Barnett Newman, para terminar el capítulo echando un vistazo a ejemplos de visualizaciones contemporáneas de lo sublime. El último capítulo está dedicado a los retratos de Kant desde el siglo XVIII hasta el XX, como una muestra de la recepción del mismo: el filósofo literalmente en el arte. Empieza presentando los estudios frenológicos sobre su cráneo y sigue con los retratos, hasta llegar a los contemporáneos. Sin duda, se trata de una interesantísima aproximación al Kant más desconocido, el de su historia efectual, podríamos decir.

 

Sixto J. Castro