DANTO, Arthur C., CHATEAU, Dominique et al., Estética después del fin del arte. Ensayos sobre Arthur Danto, Madrid, Antonio Machado Libros, 2005, 283 pp., ISBN 84-7774-646-X.

 

Danto, uno de los filósofos del arte más importantes de nuestra época, rechaza la definición estética del arte: lo que sea el arte ya no puede discernirse no sólo desde parámetros estéticos, sino ni siquiera visuales. El arte necesita de una teoría, concretamente de una teoría filosófica. Los ensayos incluidos en esta obra son, en su mayor parte, resultado de las ponencias y comunicaciones presentadas en el Congreso Internacional “Arthur Danto y el Fin del Arte”, celebrado en Murcia en diciembre de 2003. Danto abre el volumen con su colaboración “Tres Cajas Brillo: cuestiones de estilo” donde defiende las diferencias existentes entre las Cajas Brillo de James Harvey, las de Andy Warhol y el arte apropiacionista de Mike Bidlo, en razón de sus estilos. No obstante, esto no solventa las críticas que se han hecho al historicismo dantiano, y el mismo Danto gira en torno a sus conocidas tesis, pero no logra aportar nada que soluciones los problemas de su tesis de los indiscernibles. Dominique Chateau estudia la diferencia entre filosofía del arte y filosofía en el arte, insistiendo en la importancia de la teoría, y por ello de la filosofía que el arte mismo hace. Katerina Reed-Tsocha cuestiona la afirmación de Danto de que Warhol sea un genio filosófico por haber descubierto el problema filosófico más propio del arte, argumentando que esa calificación le corresponde más a Danto mismo. Mª José Alcaraz analiza el problema de la indiscernibilidad en Danto, quizá uno de los puntos claves de la filosofía de éste, desarrollando la tesis de la PPC ( percepción penetrada por el conocimiento) y propone, quizá un tanto de manera acrítica, una tesis claramente intencionalista (p. 82). Michael Lafferty estudia el “dilema de Eurípides”, a saber, el hecho de que el arte, a la par que persigue la mímesis del mundo real, se distingue de lo real para no confundirse con la realidad misma. Para él, la escala aberrante de parte del arte contemporáneo es un modo de superar ese dilema y reemancipar el arte. Félix de Azúa afirma que así como el origen premoderno del arte fue la emancipación de los oficios, puede ser que tras el fin dantiano del arte se vuelva a los oficios, a las artes. Vicente Jarque reivindica la historicidad del arte, señalando las coincidencias entre Danto y Adorno respecto al final de una narración del arte autónomo. Por su parte, Lydia Goehr sigue comparando a ambos autores respecto a la relación con la belleza y con los intentos en la música de los años sesenta de diluir la frontera entre el arte y la vida, contraponiendo la vanguardia de Messiaen con la de Cage (y, dicho sea de paso, dando una excesiva importancia a este último, que da el paso infame de acabar con la diferencia entre el arte y el resto de las cosas). En la traducción se pierde parte del contexto, pues la expresión “to be for the birds”, además de “ser para los pájaros”, significa “ser cosa de tontos”. Gerard Vilar estudia qué significa el carácter metafórico de la obra de arte y desde ahí examina las disonancias que existen entre la crítica de arte de Danto y su teoría, pues oscila entre una crítica ilustrada y una crítica romántica, que no explica la pluralidad de interpretaciones de las obras de arte. Francisca Pérez Carreño examina el concepto de encarnación del significado en los términos de metáfora, ejemplificación y coloración.

Diarmud Costello sostiene que Danto no presta la suficiente atención a cómo la materialidad de la obra de arte influye en cuestiones relacionadas con las intenciones del artista y la interpretación del espectador, pues su visión del arte como significado encarnado ha de completarse con una referencia a la materialidad de esa encarnación.

Finalmente, Jessica Jacques se opone a la limitación de la noción de experiencia estética de Kant por parte de Danto, y para ello revisa los aspectos fundamentales del kantismo en estética, y sin embargo su contribución es irenista en exceso y concilia lo que es inconciliable, aun más, parece minimizar la idea de belleza en Kant al proponer que se sustituya por otros términos, lo que, por muy moderno que pueda parecer es, ipso facto, una perversión de la crítica del Juicio

En resumen, podemos decir que nos encontramos con una suerte de trasunto español de ese ya clásico que, en el ámbito anglosajón, es “Danto and his critics”. La mayoría de las aportaciones son realmente esclarecedoras e incisivas.

Sixto J. Castro