LIVINGSTON, Paisley, Art and Intention. A Philosophical Study, Oxford, Oxford University Press, 2005, 251 pp., 24 x 16 cm., ISBN 0-19-927806-7.

 

El problema de la intención del artista en la interpretación de las obras de arte es de una gran relevancia en la estética contemporánea. Livingston, quien ya nos es conocido por su espléndido artículo “Intention in art”, incluido en el Oxford Handbook of Aesthetics, que reseñamos tiempo atrás en esta revista, sostiene que los debates entre los que consideran la intención como algo claro y diáfano y los que la consideran como algo oscuro se basan a veces en distintas comprensiones de la naturaleza de las intenciones. El autor empieza por explorar algunas de las implicaciones que tienen los presupuestos acerca de las intenciones para muchas asuntos relacionados con la creación, la recepción y el valor de las obras de arte. Livingston deja clara su posición de “intencionalista parcial”, aunque reconoce la solidez de algunas de las afirmaciones anti-intencionalistas, por lo que rechaza también el intencionalismo extremo, pues el resultado de determinadas obras de arte a veces no casa con los resultados pretendidos. El capítulo 1, siguiendo de cerca las tesis de A. R. Mele, explora la naturaleza de las intenciones desde la teoría de la acción y el status general del marco psicológico en el que las atribuciones de intenciones se enmarcan y, alejándose de los planteamientos reduccionistas, que analiza con detalle y con gran conocimiento de la cuestión, caracteriza las intenciones como “actitudes ejecutivas hacia los planes” (p. 14). El capítulo 2 examina algunas funciones de la intención en la creación del arte, tratando de evitar los extremos románticos (inspiración sola) y los racionalistas (sólo el método). Expone las distintas posturas, intencionalistas y anti-intencionalistas, apoyándose en una bibliografía muy adecuada y atenta a los debates contemporáneos. Las intenciones son necesarias, lo que Livingston trata de demostrar examinando ejemplos aparentemente en contra, como la escritura automática y otros ejercicios de los surrealistas. Obviamente, tiene en cuenta la famosa distinción de la filosofía de la mente entre intenciones distales y proximales, que configuran siempre la creación de una obra de arte. Estudia, asimismo, las fases de la creatividad para apuntalar su tesis y pone como ejemplo de la creación laboriosa e intencional la obra de Virgina Woolf. El capítulo 3 se centra en el problema de la autoría, proponiendo una alternativa a las tesis de estilo foucaultiano, a saber, formulando una definición del autor en cuyo cuerpo está, como elemento fundamental, la intencionalidad. Presta atención también a la cuestión de la autoría individual y conjunta, analizando esta última en detalle.

El capítulo 4 estudia las relaciones existentes entre las diversas obras de un mismo autor atendiendo al contexto de su intención inicial, es decir, si hay que verlas como el resultado de un único acto artístico o no. El 5 trata de cuestiones de ontología del arte, especialmente en lo referente a la distinción texto-obra, a la identidad de la obra, las versiones de una obra. El capítulo 6 se centra en el eterno debate entre intención e interpretación, defendiendo una suerte de intencionalismo parcial en consideración de un tipo central de proyecto interpretativo, a partir de lo expuesto anteriormente sobre la intencionalidad. Aquí muestra todos los tipos posibles de intencionalismos, anti-intencionalismos, sus argumentos y sus problemas, aceptando la tesis de un cierto tipo de intencionalismo moderado, basado en el de Levinson (intencionalismo hipotético), pero criticando las posiciones de éste.

El capítulo 7 desarrolla las tesis del intencionalismo parcial, y se centra en tres cuestiones: la distinción ficción/no ficción, la naturaleza de la verdad ficcional y la determinación de la verdad ficcional. Con todo esto, Livingston pretende ilustrar y apoyar la tesis de que las intenciones juegan papeles fundamentales en la creación y la recepción de las obras de arte.

Se trata de una obra muy completa, muy incisiva, en la que Livingston entra en diálogo con un buen número de los más prominentes estetas anglosajones contemporáneos, con quienes dialoga y cuyas deficiencias trata de superar.

 

Sixto J. Castro