LUHMANN, Niklas, El arte de la sociedad, traducción de Javier Torres, México, Herder, 2005, 22 x 14 cm., ISBN 968-5807-11-6.

 

Luhmann, en línea con el núcleo de su pensamiento, emparenta el arte con la comunicación, pues los observadores participan, mediante la percepción, en la comunicación de la creación de formas, y desarrolla ampliamente esta tesis a lo largo de muchas páginas: Ser trata de una comunicación que prescinde del lenguaje (tesis muy semejante a la defendida por Greenberg) en la que lo fundamental es el aspecto formal de la obra de arte, para explicar lo cual Luhmann desarrolla extensos análisis fenomenológicos y semiológicos sobre el cuerpo, la participación en el arte, la contemplación de la obra, todo ello muy influido por las tesis de Derrida, quien es omnipresente en el libro. El arte es un sistema de comunicación, cuyas solidificaciones son conceptos densos tales como “observador”, “espectador”, “artista”, etc. (p. 93) y es un sistema que requiere de observaciones de primer orden y observaciones de segundo orden (observaciones de observadores). La obra de arte introduce en el mundo formas específicas para la observación de observaciones. Así pues, puede decirse que el concepto clave y recurrente de esta obra es el de observación, al igual que lo es el de forma (como diferente del medio). La teoría de sistemas se utiliza para explicar los desajustes que parecen producirse en el sistema global cuando el arte parece extralimitarse, debido a que habitualmente el arte produce pocos efectos en los otros sistemas funcionales. Sólo en casos excepcionales lo hace (p. 303). Luhmann, en el seno de la teoría, se pregunta si se puede hablar de evolución en el sistema del arte. En este sentido, sostiene que la teoría de sistemas permite explicar cómo se generan las relaciones dentro-fuera, que explican cómo se configura la unidad sistémica. Por eso, la estética sería la autodescripción de este sistema funcional que es el arte. Finalmente, la obra habla de la autonegación del arte en el arte contemporáneo, con su confusión con la vida (que diría Donald Kuspit) o su apropiación constante de lo nuevo, violentando constantemente las fronteras entre lo artístico y lo profano (que diría Boris Groys). Si comparamos la situación del sistema arte en este siglo con la de otros sistemas funcionales, llama la atención que el límite interno entre autorreflexión (es decir, teoría del sistema) y operaciones productivas se ha desvanecido (p. 499).

La obra es muy interesante, sobre todo por el uso de la teoría de sistemas al hablar de los contextos de apoyo que el arte requiere para lograr su autonomía, lo cual es muy útil para establecer las relaciones del arte con otras disciplinas. No atina, sin embargo, Luhmann (p. 270) al hablar de que la teoría del arte de los siglos XVI y XVII permite ir más allá de lo existente. Eso es cierto, pero nada original de esos siglos. Es bien aristotélico.

Ahora bien, la traducción presenta muchos problemas. En primer lugar, el traductor no traduce los textos alemanes o ingleses que aparecen en las notas. Una posible solución, que no adopta, sería indicar en qué lengua estaba el original y traducirlo. Por otra parte, el modo de citar no es claro, no hay un criterio único, Luhmann, su corrector o su editor no han hecho un buen trabajo a ese respecto (lo cual no es imputable al editor español). También se podría haber incluido la referencia a las obras en la traducción española (aunque eso no sea estrictamente necesario). Ahora bien, en el texto quedan cosas sin traducir, como el Laokoon (que en castellano es Laocoonte, como todos sabemos). Aparece una “poesía” cuando debería decir “Poética” de Aristóteles (p. 305), un Shophistes (p. 327-8) o un Republik (p. 417) de Platón. Son detalles que hay que cuidar, como el proveído (p. 455), o la traducción de “systemprogram” por “programa sistémico” (p. 473). Pero más allá de cuestiones aisladas, hay problemas más serios. Por ejemplo: “el arte ha perdido el carácter inmediato de su referencia con la relación mundial de la sociedad” (p. 278) ¿qué quiere decir eso? De modo parecido, cuando traduce el inicio de la Aesthetica de Baumgarten (p. 445, n. 117, p. 455), que supongo que lo hará desde el alemán, porque si hubiese sido el original latino –“Aesthetica (theoria artium liberalium, gnoseologia inferior, ars pulchre cogitandi, ars analogi rationis) est scientia cognitionis sensitivae”– lo hubiese dejado así, como ha hecho en otras notas, dice esta barbaridad sin sentido: “ La estética (teoría sobre la libertad del arte [en vez de teoría de las artes liberales], gnosticismo inferior [en vez de gnoseología inferior], arte de los bellos pensamientos [en vez de arte del pensar bello], arte analógico a la razón [en vez de arte del análogo de la razón]) es una ciencia cognitiva sensitiva [en vez de es la ciencia del conocimiento sensible]”. Al leer eso uno empieza a sospechar que el traductor no se ha esmerado demasiado y que quizá haya que ir al original para comprobar las notas que uno ha tomado.

 

Sixto J. Castro